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Paz Guerrero
09 mar 2020
In Experiencias compartidas
Pedí la valija a Alex en mayo de 2019 luego de sentirme atravesada por su libro, que compartió Cristina Honfi en su curso de la UNA Visuales, "Libro de artista". El libro de Alex fue uno de los ejemplos, y me ofreció llevármelo. Estaba armando un solo de danza con un camisón que había cosido mi abuela en el año 1935 y unas cartas que ella me había escrito hace años. Esa misma tarde lo leí entero y le escribí a Álex. Le dije: "Gracias por esta obra. La Historia Universal no es nada sin las historias subjetivas". Me dijo que estaba necesitando esa frase en una remera y también que había lista de espera para la valija. A los pocos días me escribe diciendo que había una cancelación, que la valija podía llegar el 6 de junio, si la aceptaba. Era YA! Tenía que pensar muchas cosas, organizar mi vida en función de la valija, porque no me permitiría perder la oportunidad de bucear en más "Experiencias Migrantes" como la de Alex, como la de mi familia, como la de cualquier familia. Así que ese fue el título que le puse a la secuencia de talleres que dí en Bs As durante mayo y primera semana de junio. El libro me había llevado de vuelta a la infancia, a los relatos de mi madre sobre sus padres y abuelos en Portugal, a los relatos de guerra, a los problemas y traumas importados a Argentina desde una Europa devastada. Recordé los relatos de mi abuela, cuyos padres italianos del sur habían llegado pobrísimos a hacerse la América, pero con tantas ganas de trabajar... Y mi abuelo paterno, que nacido en Argentina, perdió a sus padres españoles por la infinita tristeza de no poder volver a su tierra al reencuentro de su hija mayor. "Somos migrantes", pensé, y si yo misma no he cambiado de tierra, es porque aun estoy digiriendo sus exilios. Al trabajar con la valija en los talleres (fueron 11 en total. 3 de ellos coordinados junto a Andrea Fermani, profesora de Expresión Corporal y Sensopercepción en la UNA y gran amiga), yo iba confirmando mi hipótesis de que la migración es un factor común humano, y que pueden ser varias las generaciones que necesitamos para procesar (jamás apoyar) un genocidio, una guerra. Este proyecto de arte y educación colaborativos a mi me llevó a la acción: hice llamados, escribí mails, me reencontré con personas que hacía años no hablaba solamente porque sabía que les podía interesar. Pensé ideas para los talleres en los colegios secundarios (Instituto Glaux y Liceo XII) muy distintas al de la Escuela de Psicodrama Pavlovsky o en el Centro Cultural Olmedo en el taller que coordino de Movimiento Expresivo, donde trabajamos con cartas y fotos de la infancia. En el taller literario de Ciela Asad cada cual escribió y narró historias de migraciones propias y de sus abuelos. Como docente experimenté comprometidamente. Como amiga, me di el lujo de regalar un taller para personas muy cercanas, en donde trabajamos con collage. Me vi conteniendo un mar de emociones de las que me sentía parte, y luego de la tormenta que en algunos casos generó el espejo, el verse reflejadas en el libro, las personas supieron rescatar el valor de la memoria. Deseo que seamos muchas personas más las entusiastas, me emociona el trabajo que Alex coordina desde San Antonio de Arredondo y la seguridad y confianza que he sentido con cada paso que quería dar, cada institución que se sumaba, cada aventura. Ella suele decir que las valijas tienen vida propia, pero hay una sensibilidad humana y libre detrás que disfruta de enterarse de esas aventuras, sorprenderse por las redes que a través de tantas manos y eslabones de confianza genera este trabajo. En enero conocí personalmente a Alex y confirmé mis sospechas: la libertad se hace, se construye, se provoca, se siembra y se cosecha, sin abandonar, sin descuidar, estando atentas, pidiendo ayuda y diciendo SÍ!
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Paz Guerrero

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